La actividad con barro resultó ser una experiencia muy enriquecedora, ya que permitió a los niños aprender a través de los sentidos, explorando libremente la textura, la humedad y las posibilidades del material. Al realizarla al aire libre, el entorno natural aumentó su motivación y curiosidad, favoreciendo un aprendizaje más significativo y vivencial. Este tipo de propuestas demuestra que los mejores aprendizajes surgen cuando los niños experimentan directamente, manipulando y descubriendo por sí mismos.

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